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Cuatro preguntas para Serge Dubs

El receptor del primer premio anual ASI Gérard Basset Lifetime Achievement Award, Serge Dubs, parece que lo ha hecho todo a través de su brillante carrera, incluyendo ser ASI Mejor Sommeliers del Mundo (1989), Mejor Sommelier de Europa (1988), Mejor Sommelier de Francia (1983) y Master of Port (1988). Aún, después de 43 años de servicio en el afamado y laureado con estrellas Michelin restaurante Auberge de L’Ill en Illhaeusern, Alsacia, Francia, el head sommelier es el primero en admitir que “estaba sobrecogido al escuchar la noticia. Con emociones, felicidad y honor. Nunca había sentido algo como eso antes en mi carrera.”

Siguiendo al anuncio, ASI tuvo oportunidad de sentarse con el Sr. Dubs y hacerle un par de preguntas sobre el panorama de la sommellerie, su tiempo con Gérard Basset, y tanto sus consejos como esperanzas en las nuevas generaciones de sommeliers por venir.

 

 

¿Cómo te sentiste cuando escuchaste por primera vez que habías ganado el ASI Gérard Basset Lifetime Achievement Award?

SD: La primera imagen que vino a mi mente cuando escuché la noticia fue Gérard. Para mi, esto no era una competición sino un reconocimiento. Ya era un honor desde el ser considerado, y lo que yo quería más que nada era compartir ese momento tan especial con todos los finalistas.

 

¿Cuál es la lección más importante dentro o fuera del piso de venta que Gérard te enseñó?

SD: Cuando Gérard tenía un objetivo el luchaba por él, pero eso no significa que siempre ganó. Y debido a lo mucho que él quería ganar, y lo mucho que dolía cuando no lo hacía, él me enseñó a siempre buscar un abrazo con los candidatos que quedan en segundo y tercer sitio. Él me mostró lo que significaba. Y siempre tuvo una sonrisa, incluso cuando terminaba en segundo. Quizá especialmente cuando quedaba en segundo. Nunca olvidó decir gracias a su esposa, Nina. Ella y Romané venían a cada competición, eso era maravilloso verlo. Él sabía que sin ella, él nunca podría haber logrado lo que hizo.

 

Alguna vez describiste a Gérard como un “hombre de inteligencia, tenacidad y pasión.” ¿Cuál es hoy en día la cualidad más importante como sommelier y por qué?

SD: No se trata de una cualidad sino de un estilo de vida. El comensal funciona como la columna vertebral del restaurante. Y el trabajo del sommelier es hacer a ese comensal feliz. Cada día nuestros comensales nos presentan nuevas, diferentes y frecuentemente, difíciles situacones. Depende de nosotros encontrar soluciones. Ese es nuestro trabajo más allá de sólo maridar vino con alimentos. Para hacer a las personas felices, ¿hay algún otro objetivo más alto? Sé humilde, sé tímido, sé gracioso. Y si haces tu trabajo con todo tu corazón, te ganarás al mundo.

 

Gérard fue una inspiración para muchos. Habiendo recibido este premio en su honor, ¿podrías contarnos un poco sobre cómo planeas inspirar a la siguente generación de sommeliers?

SD: El sommelier de hoy necesita del apoyo de una pareja para atravesar todos los retos y sacrificios requeridos por el trabajo. Porque no sólo es por un año, es por 10, 20, 30 años. Sin mi esposa, Béatrice, no podría haber alcanzado lo que tengo. Siempre está conmigo, incluso hoy. Ella es la luz de mi vida, y estoy muy agraecido por ella y todo lo que ha hecho. Ya sea que estés en competición o en restaurante, no puedes hacerlo solo. Todos necesitamos ayuda, alguien detrás de escena ayudándonos a lograr las cosas. No tiene que ser una mujer apoyando a un hombre, como lo fue por muchos años, hoy en día puede fácilmente ser un hombre apoyando a una mujer. Esta sociedad, sin importar cómo sea formada, es algo muy especial.

 

Si pudieras tener a Gérard de nuevo en tu mesa una vez más, ¿qué botella abrirías y por qué?

SD: Hace muchos años, Gérard, Nina y Romané – él no pudo haber sido mayor que 7 u 8 años en ese momento – vinieron a cenar. Béatrice, mi esposa, había preparado una cena increíble. Sabía que Gérard tenía un paladar perfecto, así que cualquier cosa que bebiéramos tenía que ser algo muy especial. Abrimos varios grandes vinos esa noche, pero una botella fue realmente asombrosa. Un Hermitage La Chapelle 1961 de Gérard Jaboulet. Fue la primera vez que Gérard había probado ese vino. Dada la oportunidad, abriría esa misma botella y la compartiría con Nina, Romané y Béatrice de nuevo, porque esa ocasión juntos fue hermosa.

 

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